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domingo, 9 de diciembre de 2007

APSI: LOS PERDEDORES


Texto leído en el lanzamiento del libro "Historia de la Revista APSI: El que se ríe se va al Cuartel (Pico para Pinochet)"

Por Mili Rodríguez Villouta
Aterricé en APSI, muy bien vestida, una mañana de 1990. Salí de ahí casi cinco años después, con los zapatos rotos y sin ganas de vivir.
Pertenecer a la banda del Apsi era como estar en los Beatles o en Soda Estereo. Para mí, era el New Yorker de izquierda del periodismo chileno.
En comparación, las otras revistas me parecían de un vejestorio mental impresionante. Había caído el muro de Berlín, Pinochet estaba a punto de dejar de ser presidente no- electo y de convertirse en senador vitalicio. Yo venía de una larga temporada en la vereda tropical, Quito, Ecuador, y eso había deformado mi óptica otorgándome un optimismo excesivo y poco chileno frente a temas graves como el retorno a la democracia y el dinero, entre otros.
Era una incomprendida, pero no me daba cuenta.
Empiezo a leer los libros desde el final. Comillas: “El drama fue que Contreras quería hacer una revista oficialista, y el oficialismo mata los medios”, opina aquí Nibaldo Mosciati. “Nosotros siempre apostamos a que alguna de nuestras propuestas hechas al gobierno prosperara, cosa que no sucedió. Tironi asumió la dictadura como un mero paréntesis”, dice Fernando Villagrán. “Para nosotros el APSI era una revista; para Marras, Contreras y Villagrán, era una tarea política”, afirma Francisco Mouat.
“La autora - constata Rafael Otano en el prólogo- ha querido prestar la voz igualmente a los auxiliares y editores que a los periodistas y secretarias. Ha elaborado una historia desde miradas y roles distintos y a veces distantes. Ningún grupo ha sido olvidado”.
“Todavía recuerdo nuestras carcajadas cuando uno de los sacristanes de Gazmuri nos dijo que el director de APSI debería ser nombrado por el Comité Central del Partido”, relata aquí Arturo Navarro. Se refiere al Partido Socialista de los 80. Inolvidable el estudio psicopolítico de la revista, que hizo un funcionario el régimen. Decía que “Los realizadores de este libelo están plenamente conscientes del efecto del empleo del humor (en este caso canallesco) ya que es de difícil respuesta”.
O (nuevas comillas) “Cuando llamaba el ministro de Pinochet, Francisco Javier Cuadra, para ´corregir´ la información de la revista, el silencio era sepulcral. Pero apenas Marcelo colgaba el auricular del teléfono, reventaban las carcajadas.... Lo grotesco de la situación solo podía causar rabia o risa, y en APSI casi siempre optaban por la risa”.
Cuando se podía optar.
Ya en 1990, primeros día del gobierno de Patricio Aylwin, el logo la revista decía APSI, lo que viene. En 1993, había llegado a ser una publicación pálida. Los sueldos eran de hambre.
No podíamos pagar la luz, ni el arriendo. ¿Por qué seguíamos allí?
Yo me fui más o menos un año antes del desastre final.
Los años del retorno, los años de la transición, como se llamaron, los pasé trabajando en la casona de Alberto Reyes. Un retornado es un extranjero durante mucho tiempo, pero también es un soldado no-muerto que puede servir para otras batallas.
Comíamos porotos con rienda en el Galindo, restaurante de manteles de plástico sobrevolado por una módica población de moscas.
Comenzaban los años 90 a velocidad de Susuki y acreedores. Cada día cruzaba el puente de Pío Nono sobre el río Mapocho, veía la escuela Derecho, y más allá, la revista Paula, la clínica Santa María. Los del Galindo eran grandes almuerzos de luca, y tres años después, fueron sustituidos por marraqueta con mortadela y té.
En 1997, ya casi superado el trauma, publiqué en Planeta un libro llamado “Todos me amaban y ninguno me pagaba la luz”, un libro de entrevistas con mujeres, sobre el amor, un oblicuo homenaje a esas morosas situaciones de no pagar la luz.
En Ecuador había soñado con volver a Chile y entrevistar a personas de La Legua y La Victoria. Lo hice muy poco. Me refugiaba en la escritura de una novela imposible. ¿Por qué se jodió el Perú?, preguntaba Zabalita, en “Conversación en la Catedral”. ¿Por qué se jodió APSI?”, pregunta Carlos Ruiz, que de los tiempos anteriores, recuerda: “Cuando uno salía de su casa, no sabía si volvía, y esa adrenalina cotidiana nos unía mucho más”.
La revista APSI dejó un fantasma en todos nosotros. La queríamos demasiado. Durante unos años vivimos equivocados, pero no se vive de otra forma.
Trabajé con un editor extraordinariamente respetuoso, Rafael Otano. Aprendí de él algo que está y estaba en mi propio guión: que el trabajo puede ser divertido.
Eran demasiado cómicas las reuniones de pauta y los trasnoches de los cierres de número. “Pico para Pinochet”, era la propuesta ritual de título de Fernando Villagrán, y de allí parte del título de este libro.
Las discusiones políticas, aunque apasionantes, las oía como quien oye llover. De algún modo yo les adjudicaba a ellos toda la responsabilidad en los grandes asuntos. Una actitud demasiado femenina, incluso para esa época. Estoy hablando de hace ¡15, 14 años atrás!
No estábamos ajenos a lo que se cocinaba en la trastienda, las promesas de dineros italianos que no llegaron nunca, la doctrina Tironi, etcétera, ¿pero quién lo comprendía realmente? La foto estaba demasiado encima.
En 1990 se fueron en masa los periodistas estrellas de los años de la dictadura. De ellos yo solo conocía a mi amigo Pablo Azócar, que ese mismo año se largó a España a escribir una gran novela ímproba. Habían partido Braithwaite, Mouat, Milena Vodanovic, Claudia Donoso, Marcelo Mendoza, Sergio Paz.
Un verdadero golpe. Pero estaba el gran dibujante Guillo, la talentosa fotógrafa brasilera Inés Paulino, el Pelao Jorge Andrés Richards, el silencioso Roberto Merino, el artista gráfico Carlos Altamirano, y luego la diseñadora Vesna Sekulovic. Y quedaba el equipo fundamental, Marcelo Contreras, Fernando Villagrán y Sergio Marras, que re-importaron a Otano desde España.
Y por eso llegaron o volvieron Rafael Gumucio, Jaime Collyer, Erick Polhamer, Camilo Marks.
Un periodista es un intruso. Y nosotros -los periodistas, escribientes y escritores de los 90- éramos unos intrusos muy raros.
Fui la encargada de la Guía de pecadores, lo que me convertía en una editora cultural de facto, porque no salía en los créditos y nunca pedí que me pusieran. Yo había sido editora de arte del diario HOY de Ecuador y eso me bastaba.
Practicaba y practico el periodismo de cultura, que para mí ha sido siempre como el refugio nuclear donde llegan esos heridos de la realidad que son los artistas y los lectores de artistas, siempre un poquitito mal de la nuca, de la “azotea”. No lo hice bien, y ese lugar de privilegio, la Guía de Pecadores, me lo disputó en un ataque de poder juvenil Gonzalo León, la primera y última persona que eché en mi vida. Gonzalo se portaba pésimo y creía que yo era su mamá, en circunstancias que mi hija era mucho más chica que él, pero en esos días mi estresado instinto maternal no alcanzaba para tanto. Ahora Gonzalo me dice “no me echaste tú, me echó Fernando Villagrán”. Sé que los detalles importan, y que la historia no es una sola, pero no te lo merecías, Gonzalo, y fue un error, un error de impaciencia.
Mea culpa. Yo corregí los primeros artículos de Rafael Gumucio. Terminaban siendo artículos casi míos, afortunadamente salvados por los grandes errores de Gumucio, a quien teníamos que defender en cada reunión de pauta para que no lo echaran, hasta que eso también se convirtió en un chiste.
Mi intención al editar era manejar un bisturí muy fino, bastaba con entender qué había querido decir Gumucio, vislumbrarlo a través de la bruma y la trama de la maldita letra de sus correcciones a mano y sus atroces faltas de ortografía. “Soy disléxico”, explicaba con orgullo. El tenía 19 años.
En la oficina de la calle Alberto Reyes, yo peleaba por teléfono con Jaime Collyer, charlaba con un brillante Camilo Marks, y con Eric Pollhamer, que vivía un estrellato de televisión en “Cuanto vale el show”, estelar que ninguno de nosotros veía.
Polhamer escribía unas cosas divertidísimas y futbolísticas, tenía miles de lectores. Collyer renegaba de la mala idea de haber vuelto a Chile, y se esforzaba en crear un estilo periodístico, mientras otros detestábamos la idea de caer en el estilo periodístico.
Pero la verdadera dueña de ese lado del cuarto piso, era Elena Gaete, periodista de la Universidad de Chile, la única en preguntar por qué APSI había dejado de ser una revista de combate, por qué yo seguía feliz en medio de la debacle.
Trabajaron en ese APSI de bajada, los estudiantes Héctor Monsalve, poeta, Juan Andrés Guzmán, actual editor de The Clinic, Juan Andrés Quezada, y Marcela Espíldora. Carlos Ruiz adoraba a la Marcelita Espíldora. Todos adorábamos a Ruiz, a Carlos Bezanilla, a la Chandy. Y a Nicanor Teuquil, que murió en 2002, bajo un expediente horrible: negligencia médica.
Negligencia profesional.
Pronto llegaron a la revista Patricia Verdugo y María Eugenia Camus, que venían de otros cierres, los de HOY y Análisis. Estuvieron poco tiempo.
Todo eso mientras nuestra rubia natural, Cristina Wormull conseguía una publicidad ganadora, de la empresa privada, y mientras el gobierno ponía la mayor parte del dinero destinado a publicidad, en El Mercurio y en Copesa. De eso, APSI tenía un porcentaje casi invisible que se contradecía, por lo menos, con el número de sus lectores.
Estábamos equivocados.
Flotaba en el aire el fantasma de lo que había sido la revista, fantasma de números titulados No es comunismo, es hambre, Patria y músculo, Así se tortura en Chile, Los mejores chistes de milicos, Cómo y quiénes hicieron desaparecer, en plena dictadura.
La risa, la verdad y la tragedia. A nosotros nos tocó la tragedia de la democracia limitada, de la transición, de los pactos de silencio. En Chile se habían firmado más de 200 leyes secretas...
Asistidos por nuestros inmóviles y cada vez más atrasados sueldos, casi sin sacar cuentas, hacíamos lo mejor. Ni siquiera pensábamos en cambiarnos de trabajo. Pero estábamos perdiendo, aunque el equipo de APSI siguiera ganando en el fútbol.
La revista tenía una deuda de arrastre de 80 mil dólares. Para sacar el último número, solo faltaron seis millones de pesos. “Vivan las victorias parciales, porque son las únicas posibles”, había anotado Rafael Gumucio.
¿Qué tiene esta revista, que escribe su historia a cada rato? Todavía no me convenzo de que Nicanor haya muerto. Lo supe mucho después. Dejamos de vernos. No nos hemos visto en años.
Para mí, al final la revista era como “El Astillero” de Onetti. Un lugar ficticio. Un lugar donde íbamos a trabajar pero no había trabajo. Desde el Pacífico venía, como un remolino de dólares depreciados, la crisis asiática. Y en los pasillos de la revista se cruzaban dos rumores frecuentes: uno era que se iba a cerrar la revista. El otro era que nos iban a pagar.
Uno de los responsables de la política comunicacional que hundió a Fortín Mapocho, Análisis, HOY, Página Abierta, La Epoca, y APSI fue Eugenio Tirón. Comillas: “El director de la Secretaría de Comunicaciones y Cultura, que acuñó una frase hermética cuando el director del Fortín Mapocho recurrió al gobierno para pedir que ese diario recibiera un 10% del avisaje que el Estado destinaba a El Mercurio, para justificar su negativa, contestó: La mejor política de comunicación es no tener ninguna política de comunicación”. Antes o después, dijo: “El actual consenso está fundado un poco sobre el silencio”.
Los episodios o consecuencias de la Doctrina Tironi están en este reportaje.
Leo en la página 88:
“Estuvimos todo el día juntos, en las puertas de sus oficinas, esperando que Marcelo Contreras y Fernando Villagrán nos dijeron que íbamos a hacer. Pero ellos no salieron. Cuando dieron las seis de la tarde, nos miramos entre todos y decidimos demandarlos. Hubiese bastado un abrazo, una palabra de agradecimiento para que nosotros no nos sintiéramos traicionados”.
Yo no estaba allí, y es doloroso leer esto.
Yo no alcancé a decepcionarme de nadie. Celebro y admiro el poder de síntesis de Francisca, la fuerza y claridad de su narración, su endemoniada capacidad de ver bajo el agua, su respeto por todos los personajes. Unos son los buenos y otros los malos, en esta trama. Algunos de los supuestos malos, al final, se salvan. En su peor momento, se salvan. Porque se hunden con el barco, aunque sea encerrados y solos en la ya inútil cabina de mando.
(FIN)

Este texto fue leído en el lanzamiento del libro "Historia de la Revista APSI: El que se ríe se va al cuartel (Pico para Pinochet)" de Francisca Araya Jofré.

martes, 25 de septiembre de 2007

GATO POR LIEBRE

(Este correo fue escrito a raiz de un intercambio epistolar entre Bet Gerber y Fernando Villegas)

Elija el epígrafe que más le acomode para la siguiente columna interactiva:
1.- Fernando Villegas o la decadencia del debate
2.- Fernando Villegas o la enajenación disfrazada de irreverencia
3.- Fernando Villegas o el tuerto en el reino de la farándula
4.- Fernando Villegas o el bravucón que quería ser intelectual
5.- Fernando Villegas o el monólogo de la banalidad
Advertencia: Esta no es una columna sobre Fernando Villegas.

1.- El debate como show televisivo:
El debate genera pensamiento crítico. La exposición y el cuestionamiento de la realidad abren espacio para nuevas ideas, para nuevos paradigmas, amplían las facultades de la mente para percibir fenómenos que antes ignorábamos y nos entregan herramientas básicas para la construcción de nuestra propia autonomía. Y la autonomía es requisito fundamental para la construcción de un mundo justo, libre y diverso.
Pero cuando el debate de una sociedad se reduce al show televisivo, nos quedamos vacíos. Con la mente en blanco. Autómatas que reproducen una ilusión que desplaza a la realidad. Porque el show televisivo prescinde del elemento básico de cualquier debate: el argumento, y lo reemplaza por la falacia, la burla y hasta el grito pelado, impune, que se impone por la fuerza y no por la razón.
Así mismo, el periodismo – responsable del debate – como show mediático pierde su esencia y su razón de ser: la democratización del saber, y se convierte en todo lo contrario, un aparato del establishment para la enajenación.
2.- La irreverencia como elemento publicitario:
La irreverencia vende. Lo saben bien los vendedores de imágenes del Ché. Sobretodo en un país tímido como el nuestro, acallado y conformista, que tanto le teme al conflicto. Los irreverentes son como alter egos inalcanzables. ¡Cómo deseamos tener esa desfachatez, ese sarcasmo, esa ironía! "No tiene pelos en la lengua" es un halago que provoca orgasmo entre los opinólogos farandulones. Pero su irreverencia no llega más allá de la punta de la lengua. Su irreverencia no transforma su vida cotidiana. Su irreverencia no alcanza para ponerlos de pie frente a los dogmas del sistema. Sus rodillas no se levantan, sus espaldas no se enderezas, su vista no se alza y sus voces no se escuchan cuando las vacas sagradas hablan. Cuando la irreverencia te cuesta la vida, ellos callan.
3.- La hegemonía de la forma:
La irreverencia y el debate no existen en la televisión. Todo parece lo que no es y ese es el juego. Tener formato de debate, tener formato de noticia, tener forma de inteligente, tener forma de irreverente. Pero nada más. En el fondo, todo sigue siendo un show pirotécnico, tecnocrático, que solo busca anonadar a los espectadores.
4.- Seis pistas para reconocer a un intelectualoide:
- No piensa; repite.
- No pregunta; responde.
- No escucha; escupe.
- No habla; predica.
- No argumenta; interrumpe, se burla, insulta, descalifica, humilla y levanta la voz.
- Confunde arrogancia con inteligencia, y normalmente no tiene inteligencia, solo arrogancia.
5.- El soliloquio de la televisión:
Como decía un profesor, hay cuestiones que por evidentes se callan, y por callarse se olvidan. Lo evidente es que la televisión es una caja hueca y unidireccional. Y la sociedad civil no puede intervenir desde el asiento del espectador. Al contrario de la televisión, hay nuevos espacios multimediales e interactivos – que hasta nos permiten bombardear con e-mails a una persona para expresarle nuestra indignación – y que no desplazan, si no que complementan y desafían a los viejos formatos mediales.
La sociedad civil es capaz de construir nuevas formas de comunicarse, lejos de los sollozos de la marginalidad y lejos del soliloquio de la televisión. Nuevas formas de comunicación que propendan a la autonomía de los ciudadanos. Nuevas formas de comunicación que oxigenen la realidad y conecten a las personas reales con las personas reales. Comunicación a escala humana que permita la democratización de los saberes. Es casi una necesidad imperiosa.
Exigir rigor periodístico a quienes difícilmente pueden salir del monólogo de la banalidad, quizás resulte infructuoso. Pero el debate que provoca la indignación de una persona que piensa, es refrescante.
Tenemos que dejar a la tele hablando sola. 
Nota del porqué de este artículo:
El domingo 29 de Julio, el programa estelar de Chilevisión, Tolerancia Cero, le dedicó un bloque de la jornada para conversar sobre la posibilidad de crear la figura de femicidio en el código penal. A propósito del ataque sufrido por una mujer embarazada en Punta Arenas, quemada por su pareja. Una vez expuesto el tema, los panelistas opinaron:
El sociólogo Fernando Villegas dio el puntapié inicial, calificando la moción de una "imbecilidad" y argumentando que "daba lo mismo que la víctima fuera hombre o mujer". El ex ministro de planificación de Pinochet, Sergio Melnick, recibió el pase de Villegas para agregar que se trataba de un debate, para él, "incomprensible". Y remató el niño símbolo de Expansiva – el think thank del ala progresista de la Concertación – Patricio Navia, recalcando que hablar de femicidio era menos importante que cambiar el orden de los apellidos paterno y materno en el nombre de las personas.
Al día siguiente, Bet Gerber, directora de proyectos de la Fundación Friedrich Ebert, envió un correo electrónico a los panelistas, exigiendo mayor rigor periodístico en su trabajo: "dadas las repercusiones de la violencia de género, sí creo que en este caso cabe hacer una llamada al periodista Villegas y sus colegas, y solicitarles que, al menos, se informen antes de abordar un tema tan delicado en un medio masivo."
La respuesta de Villegas fue: "Lamento haber tocado sus hormonitas y que le haya dado un ataque de nervios."

LOS FLAITES

Is the end of the world and we know it. I'm feel fine. (REM)

Ellos son el chivo expiatorio perfecto. Sirven para justificar cualquier negligencia gubernamental. Todas las personas de bien los detestan, no tienen respeto por la propiedad privada, no tienen conciencia de clase, no se rigen por las normas sociales consuetudinarias y nadie los defiende porque no tienen derechos.
Los estudiantes protestan pacíficamente y los flaites desfiguran los motivos de su movilización: salen a las calles, destruyen la infraestructura pública, saquean locales comerciales y cuando les preguntan por la L.O.C.E no saben qué responder.
- No son flaites, son estudiantes - dice el oficial a cargo de Carabineros.
Y claro que son estudiantes ¿alguien lo duda? Son los secundarios de la periferia, de los liceos sin plata ni buenos profesores ni directores altruistas ni fiscalizadores que pongan un poco de orden. No son los estudiantes de los liceos públicos emblemáticos que después terminan como presidentes de la república. Los flaites están en el otro extremo de la educación pública, ellos son los principales perjudicados por la L.O.C.E y la municipalización, la mala educación que han recibido salta a la vista y la carencia absoluta de oportunidades explica su vandalismo en masa saqueando locales o individualmente asaltando casas del barrio alto. La diferencia es que para ellos el barrio alto es casi todo Santiago.

sábado, 15 de septiembre de 2007

EL DIA DE LOS INOCENTES

Pingüinos haciendo Historia: 

"Hay viejos culiaos que no creen en nuestro amor"
Mauricio Redolés

Fuente: MERCADO NEGRO, Junio 2006.
La Michelle despertó temblando el otro día. El subconsciente le jugó una mala noche. Las imágenes eran borrosas, confusas, todo estaba oscuro y cubierto por la niebla. Mira sus pies para no tropezar y se ve a si misma con 35 años menos, el jumper a ras de culo, el cuello de la blusa abierta y los brazos arremangados. La neblina se llena de siluetas y murmullos: son sus compañeros que repletan el auditorio del liceo.

Entonces se ve desde lejos, y su cara ya no es la suya si no la de sus hijas, y ya no está en el liceo sino en el balcón de La Moneda con una sonrisa de oreja a oreja, aplaudiendo a rabiar estas escaramuzas de la historia que nos agarran por sorpresa cuando uno menos las espera. Pero parpadea, frunce el ceño y con voz golpeada ordena dispersar a los manifestantes. Desde lejos se escucha una musiquilla, parece una broma del destino, es la estrella que la volvía loca a los quince años, cuando se desgarraba la garganta gritando por Serrat:

Recuerde antes de maldecirme, que tuvo usted la carne firme y un sueño en la piel, y un sueño en la piel, y un sueño en la piel, SEÑORA...
Las nuevas generaciones se quedaron sin interlocutores. No hay fuerza social ni política capaz de pararse de igual a igual con ellos. No han tenido ni la mitad de la madurez, de la inteligencia y de la sabiduría que ellos expresan. Ellos, los secundarios, los quinceañeros, los adolescentes, los alumnos… ¿de que adolecen los sin luz? De una sociedad que les quedó chica. De una sociedad hecha por y para viejos que no los comprende y les exige conformarse con lo que ya ganaron: “Ya es suficiente”, repiten con soberbia y displicencia como si se tratara de un argumento válido. Adolecen de una sociedad avergonzada porque sus hijos descubrieron su ignorancia, descubrieron sus errores y sus defectos, y ya no creen en su autoridad. Una sociedad que se quedó sin argumentos y sólo puede recurrir a su edad para castigarlos. No tienen experiencia, no tienen criterio formado, no tienen derecho a voto, no miden las consecuencias, no pueden beber, fumar ni conducir, no pueden casarse ni salir del país sin el permiso de sus padres, son influenciables, no saben lo que hacen. Por lo mismo, porque están tan lejos de los adultos es que son capaces de hacer las cosas bien. No llevan el peso de la derrota de la Unidad Popular sobre sus hombros, tampoco cargan el trauma de la Dictadura y ni siquiera se identifican con los apáticos de los noventas. Es otra generación, en otro tiempo, en otro contexto, con otros parámetros y otros esquemas que los adultos a duras penas pueden entender. Los adultos, los que no hacen lo que saben, los que ya perdieron todo vestigio de su inocencia.

La primera batalla

“No siempre se puede tener la razón y la fuerza al mismo tiempo, pero que si tienes que elegir, elige siempre tener la razón. Por que de la fuerza nunca podrá surgir la razón, pero la razón siempre te dará fuerza.” Subcomandante Marcos

Lo hicieron todo bien. Se bajaron en el momento justo. No porque tengan que conformarse con los ofrecimientos del gobierno, sino porque empezaba el mundial. No se trata de una cuestión superficial. Para que este movimiento sobreviva, florezca y arrastre al resto de la sociedad hacia un futuro distinto, tiene que ser capaz de resistir el conflicto que inevitablemente genera y debe mantener un comportamiento consistente que le permita seguir ganando legitimación. Quedan al menos dos batallas más: cuando salgan los resultados del Consejo Asesor Presidencial de la Educación y cuando la nueva ley sea discutida en el Congreso. Que no nos pasen gato por liebre. Y para eso el trabajo desde las bases es fundamental. Los secundarios decidieron trabajar en bloque con profesores y universitarios, eso significa que tendrán que enseñarle a sus mayores cómo dejar los viejos esquemas de lado y hacer las cosas bien. A mi juicio, la única amenaza proveniente desde los pingüinos es que el exceso de adulación provoque soberbia y autocomplacencia.

¿Pero sobre qué lona recibirán los peores golpes y en qué cancha se jugarán la legitimación?

En los medios de comunicación. Por eso había que bajarse, porque el mundial era la excusa perfecta para que los medios invisibilizaran el conflicto y empezaran a perder credibilidad frente a la opinión pública. El primer golpe fue tan bueno que ni siquiera el duopolio periodístico de Edwards y Saieh pudo abstraerse y dejar de tratarlos como héroes. Si hasta voló la cabeza del prefecto de fuerzas especiales, un hecho inédito en la historia de la democracia chilensis, aún cuando hasta Amnesty Internacional y Human Right Watch sabían de los excesos que cometen carabineros en las manifestaciones callejeras. Pero no pasó mucho tiempo antes de que estos mismos medios pusieran en evidencia sus estrategias para desmovilizar a los secundarios:

0. La distorsión y/u omisión de sus principales demandas.
0. La sobre dimensión de las divisiones internas
0. La interpelación a los apoderados para que “castiguen a los niños que se porten mal”
0. La descalificación por su edad, apelando a conceptos como inmadurez, “pataleta infantil”, irresponsabilidad, etc.
0. La estigmatización a través de la violencia callejera.
0. La sobre dimensión de la participación de terceros como fue el caso del FPMR en el paro nacional.
0. La invisibilización del conflicto.

Cada vez que el conflicto se haga público, los medios atacaran desde su sutil trinchera, y solo con creatividad, calma e inteligencia se les podrá hacer frente. Como sugerencia orgánica es necesaria una comisión a cargo de todos los asuntos comunicacionales que elabore estrategias para mantener la legitimidad en los medios y al mismo tiempo, genere redes alternativas de información: conversaciones callejeras, predicas en el transporte público, listas masivas de e-mails, manifestaciones artísticas, debates, paginas web, boletines, radios, grafittis, etc.

En este sentido, siento que faltaron dos cosas en esta primera etapa: (1) un órgano centralizado que hiciera más expedito el recorrido por las decenas de medios virtuales que aparecieron durante el conflicto y (2) una comunicación privilegiada con las bases, es decir, que los intermediarios entre la asamblea y el resto de los secundarios no fueran precisamente los periodistas que trataban de bajar la movilización.

Desde las bases

Sin embargo, el principal desafío no es la aprobación de la opinión pública sino la cohesión de los millones de secundarios que adhirieron al movimiento de Arica a Punta Arenas. Esa es la fuerza que hace temblar al gobierno y deja con la boca abierta a todos los actores sociales. Esa es la fuerza que hace que Bachelet se muerda la lengua cuando trata de pronunciar “participación ciudadana”. Evitar el agotamiento de esta fuerza extendiendo medidas de presión que corrían el riesgo de quedar estériles, era imprescindible.

Lo que nos toca a nosotros, los otros actores de la educación, es aprender de los secundarios para poner en movimiento a nuestras propias bases, y al mismo tiempo, entregarles herramientas para que ellos fortalezcan su organización. En la misma lógica que ellos nos mostraron, no como predicadores, no tratándolos como niños, tampoco como militantes, sino respaldando sus certeras intuiciones. Por ejemplo, a través del trueque de ideas, recorriendo liceos haciendo conversaciones, charlas, foros, debates, manifestaciones artísticas, talleres, retroalimentándose con sus experiencias y compartiendo nuestros conocimientos técnicos y especializados con ellos.

Por último, todo triunfo merece una celebración. Un abrazo bien apretado, una carcajada escandalosa, un llanto bien moqueado. Evitar a toda costa cualquier atisbo de frustración. Hay que tirar la casa por la ventana porque son protagonistas de la historia, porque ya dieron el primer paso para cambiar el futuro, porque nos regalaron un presente y nos devolvieron la esperanza. Yo propongo que nosotros, los universitarios, organicemos recitales masivos en todas las regiones, de regalo para los secundarios.

Chantaje Emocional

Del francés, chantage, y del latín, extorsio: Presión que, mediante amenazas, se ejerce sobre alguien para obligarle a obrar en determinado sentido.

Cada año, desde 1989 hasta ahora, se han silenciado todos los movimientos sociales y se ha reprimido todo intento de manifestación callejera con la excusa de proteger la democracia.

Excusa que ha mutado y que cada vez se hace más sutil, pero cuya causa se mantiene intacta: el miedo a la invasión de los postergados. No griten, no se organicen, no reclamen, no luchen por sus derechos, no sueñen con un país distinto. Si tambalea la democracia, será culpa de ustedes.

¿Qué tan lejos está el chantaje emocional del terrorismo de estado? Tan lejos como la golpiza de la violencia sicológica.

Recuerdo el relato de una madre que se jactaba de no tener que aplicar la violencia con su pequeña hija, porque su estrategia era mucho más efectiva. Cuando no quería comer la comida, la madre le contaba la historia de la niña que había vivido antes que ella en esa misma casa. Una niña que había muerto de hambre y cuyo cuerpo estaba enterrado justo bajo el comedor. Si la hija no comía, el cadáver de la muerta de hambre se levantaría en la noche y se la llevaría con ella.

¿Se pueden imaginar el terror con que vivía esa niña?

martes, 11 de septiembre de 2007

LA VOZ DE LOS 80

Guau... guau, guau.
Cuando la política no era dimes y diretes televisivos, sino palabrotas y caceroleos callejeros. Cuando no había cesantía sino miseria. Cuando la música no era placer para dioses y los niños de colegios numerados jamás ganarían la inmortalidad. Cuando la cortina inconfundible de la radio Cooperativa era el fondo musical de la película que vivían (casi) todos los chilenos. Cuando todos nos quedamos con cuello y transición de por medio, porque el tirano salvó ileso. Cuando los niñitos que recién habían abiertos sus ojos pa’l once original, se atrincheraban en las poblaciones, y las viejas se quejaban porque el apagón no les dejó ver el final de La madrastra. Cuando el tiempo acosaba, un trío de pingüinos sanmiguelinos se convirtieron en el icono de una época de desastres.
Los ochenta se quedaron en lo anecdótico, buscando evidencias de algo que pudo haber sido y que no fue, la decepción de una década álgida, intensa, decisiva y su generación castrada, cuyo único vestigio sobreviviente son Los prisioneros.
Al siglo siguiente, el único grupo de rock chileno que es capaz de hacer llorar a tres generaciones distintas está punto de lograr lo que, ni Michael Jackson ni Luis Miguel, han intentado: Llenar el Estadio Nacional dos veces seguidas.
Con un Jorge González rehabilitado en Cuba, un Miguel Tapia con pinta de occidental de segunda mano y un Claudio Narea igualito al chiquillo de doce años atrás, Los Prisioneros no dejan a nadie indiferente. Cuentan las malas lenguas que cada uno recibirá un millón de dólares, y no faltan ni jueces ni abogados. A mí me da lo mismo, no son ellos los que llenarán el Estadio Nacional, sino la nostalgia de los hijos condenados:
La generación que creció en dictadura, que maduró con las protestas de los ochenta, que escuchaba Los Prisioneros como la voz que les faltaba, que soñó con la democracia, que se desilusionó con la transición, que se sumergió en su propia decadencia y desapareció de la memoria de los hombres.
“Ellos pedían esfuerzo, ellos pedían dedicación ¿Y para qué?
Para terminar bailando y pateando piedras”

DE UTOPIAS, SEPTIEMBRES Y TORRES QUE NUNCA FUERON

Fuente: 2 de Frente, 2002


Corrían los días de a fines de siglo, y como tantos fines de siglos anteriores, alguien estuvo allí y alguien no estuvo. Humanos y divinos, sucumbían en los umbrales del último juicio, imaginando llamas y calvarios, en un extraño mal que de extraño era tan inverosímil como patético. Fiebre, alucinaciones, suicidios y purgaciones. Como peste, los malos humores expandíanse, en un intento de redención, por hallar de Dios buen agrado; curiosa costumbre esta de guardar el dolor para el tiempo inventado. Y en el ritual de la expiación, se sacrificaban también los chivos de la derrota, tratando de cercar con la leña del árbol caído, los caminos de la incertidumbre; curiosa costumbre también la de rendir la mirada ante los sueños frustrados y desacreditar los imposibles por un presente que nunca era, pero que siempre estaba. Resignados a las seriedades seniles, enterraron las pasiones y lucraron con sus vestigios. Algunos que no supieron escuchar se perdieron en la nostalgia de un pasado que siempre fue mejor, otros se envolinaron la perdiz con holografías de pipas y ficciones baratas, y los más desprovistos, jugaron a ganar batallas en un tablero de ajedrez. Pobrecitos mortales aferrados a los clichés de siempre, como si los chinos nunca hubieran inventado la pólvora, como si lo posible fuera lo único pensable y deseable, como si tuvieran algo que perder... pobrecitos... (risa) pobrecitos... (más risa) POBRECITOS... (CARCAJADAS). Cómo si hubiera alguien en la inmensidad del universo preocupado por este grupúsculo de seres conscientes (¿de qué?) arrojados en una esfera errante en los confines de la eternidad. Absurdos son los inventos de la razón afanada constantemente en justificar su existencia, y absurdo los resultados de este círculo vicioso que desplaza el futuro por el mal menor, la crítica por el consenso y los deseos por miserables excusas. Cuando menos se lo esperaban, las verdades que tanto obviaban, se estrellaron contra los símbolos vacíos de una historia que, pese a los sucesivos funerales y sus eufóricas despedidas, se negaba a morir. Esto está recién empezando, reclamo desde el cielo el siglo XXI, en plena primavera sureña y otoño norteamericano. No canten victoria aún, advirtió a los predicadores de la paz de los cementerios. El tiempo han pretendido cercar en sus manos, despreciando el cambio y la caminata, creyendo en la ilusión de su permanencia, mientras se hundían en el estancamiento. Y los fugitivos de la tecnocracia pusieron en jaque el reino de la mediocridad, con la racionalidad de lo imposible. Y las eu/furias, y los deseos, y el asombro, y el desconcierto, desterrados tanto tiempo de los corazones y sus desiertos, se levantaron de entre los muertos para cobrar su lugar en el universo. Ya lo dijeron los populares y sus misioneros, sólo las pasiones son capaces de ponerlo todo en movimiento por más que con frecuencia se desboquen los vientos.

YO RENUNCIO

Un hecho inédito se ha registrado en los últimos días. Un hombre con esposa, hijos y nietos que alimentar, ha renunciado a su trabajo. Sergio Muñoz Farías, alias El Príncipe, llevaba 29 años de servicio en la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile, y se fue simplemente porque aquí ya no lo respetaban. “Me voy antes de que el titanic se parta en dos” declaró mientras un grupo de estudiantes aplaudía ante tamaño gesto de dignidad.
2 de Frente, Escuela de Periodismo, Universidad de Chile, 2003 (creo).
Ni tonto ni perezoso, El Príncipe había tomado esta decisión hace meses, cuando se percató que hasta los vestigios de esta comunidad universitaria estaban desapareciendo. “¿Qué es comunidad?” escuchó decir a un mechón mientras barría la sala. Esa fue la gota que rebalsó el vaso.
Analistas indicaron que “la mística no está en los lugares, ni en las máquinas, ni en los nombre rimbombantes (como instituto interdisciplinario de ciencias de la comunicación y de la imagen, ¡Ja!); la mística la hace la gente digna que vive cada día como si fuera el primero y cada noche como si fuera la última, que trata al resto de las personas como si fueran sus hermanos, y que no deja que nada ni nadie lo obligue a hacer lo que no quiere o no debe hacer.”
Acongojados estudiantes leyeron un emotivo discurso en homenaje al Príncipe, “Esta carta de despedida es para un vivo y para un muerto. El vivo es el Príncipe, obvio, que en un acto de viveza insólito en estos tiempos de conformismo, dijo: ¡ No quiero más de esta mierda! Y se mandó a cambiar. El muerto es la comunidad de esta vieja escuela que se empeña en ser tuerto en el país de los ciegos y su mística que apenas queda en la nostalgia de los que alguna vez la conocieron.”
“Es cierto”, dijeron los más optimistas “la vieja escuela ya no existe”. Pero el desafío para quienes se quedan acá, es recuperar el sentido de comunidad que es lo único que le da vida a la palabra Universidad.

LA MEDUSA SOLANDO CHULAPADA

Fuente: 2deFrente, 2002
Un elefante se balancea en la tela de una araña y un personaje de sudosos amoríos con el servicio militar proclama: la vida civil nos vuelve mediocres. Y a pesar de lo sospechosas que parecen sus palabras, la mediocridad queda dando vueltas en la cabeza, apelando a una solapada culpa y a un morbo de suspicacias repentinas... Un pedazo de manzana atravesando la garganta que salva y condena. Y la pregunta es ¿quines son los inocentes? Todos, hasta que se pruebe lo contrario. El que nada hace. nada teme, dice un ciudadano distraído y la medusa chulapada levanta su dedo inquisidor y tira la primera piedra dispuesta a arrasar con todos los tejados de vidrio.
No viene al caso generalizar, pero si resulta divertido, a modo de advertencia, mencionar los cascabeles de la mediocridad: falta de iniciativa, incapacidad para improvisar y enfrentarse los hechos inesperados, percepción acomodaticia y extremadamente influenciable, inconsistencia entre las acciones y las convicciones, incomodidad frente a las propias emociones e instintos, incapacidad para tomar decisiones y ejecutarlas, y, por sobretodo los síntomas anteriores, constante evasión de las culpas, las responsabilidad y hasta la propia conciencia. "Mi mamá me dijo", "salió en la tele", "me manipularon", "cumplía órdenes" son los argumentos que los des autonomizados ocupan para justificar su exceso de posmodernidad.
Esta última, traumada por la derrota perpetua, ha despreciado la disciplina porque suena a milico y amaestra de biología con varilla en mano. Pero no se trata de la disciplina del deber, sino de la disciplina de la pasión. La alegoría moderna del derecho a la autodeterminación. Sapere Aude, para Kant. Historia para Marx. Voluntad de Poder para Nieztche: ¿Se imaginan tan solo a los 28 mil estudiantes de la Universidad de Chile marchando por la Alameda? Un acontecimiento nunca visto en nuestros años arco iris.
¿Se imaginan, entonces, a todos los estudiantes universitarios movilizados a lo largo de todo el país, al mismo tiempo y por la misma causa? En un par de días tendríamos Arancel Diferenciado.
Al final, la viabilidad de nuestros proyectos no radica en sus tecnicismos políticos, sino en la inocencia, la fe y la voluntad de los propios estudiantes. Aunque suene a panfleto. Esta es la magnitud de nuestra propuesta: otro futuro es posible siempre que alguien esté dispuesto a construirlo.

DEFENDER LA ALEGRÍA COMO UNA BANDERA

Asociación Cultural Universitaria (ACU) 1977 – 1980:
La primera organización estudiantil bajo la dictadura
Fuente: 2 de Frente, 2002.
“Tenían menos de veinte años pa’l golpe. Venían de los años heroicos, con los ánimos caldeados y pasiones colectivas. Y en medio del caos de aquel once, y en medio de su inocencia adolescente, cacharon que tenían que esconderse. Un paco en cada sala. Amenazas, insultos, persecuciones. Pese a todo, sobrevivieron. Y no por cobardía, sino por atreverse. No fueron héroes y nunca se lo creyeron. Pero tenían demasiadas ideas y tantas ganas que el miedo se quedó calladito en un rincón sin chistar. No tenían libertad ni espacio ni recursos y la calle estaba llena de sospechas, pero lo hicieron todo igual. A ciegas y confiando en el de al lado porque no les quedaba otra. Lo primero fue el reencuentro en los pasillos, mirándose, reconociéndose, hablando sin hablar, comunicándose en clave, con señas y contraseñas. Después vinieron algunas tímidas actividades para recibir mechones o para celebrar una “semana de la facultad”. Luego de pequeños eventos surgió la idea de reunir a los estudiantes de otras facultades en un encuentro mayor. Ese encuentro de música, palabras y bailes que culminó en octubre de 1977 con el “Primer Festival del cantar Popular Universitario”. Bajo el nombre de Asociación Cultural Universitaria se juntaron, conversaron, se tomaron unos copetes y organizaron desde talleres, revistas, eventos, delegados por sede, directivas, ramas de música, de teatro, de literatura, de plástica, seminarios, acuerdos, desacuerdos, negociaciones, auspicios, cartas, permisos de las “autoridades”, exposiciones, marchas, paseos, manifestaciones, encuentros culturales y enormes festivales de Teatro, Danza, y Canto Popular. Incluso llenaron el Monumental. Fueron tres años de intensa actividad cultural. La ACU, con su activismo incesante, se fue constituyendo paso a paso, en una organización estudiantil representativa, democrática y coordinada. Su manifiesto nunca explícito, era primero ético y luego político, expresado a través de un arte precario, espontáneo y urgente por defender la vida y la paz. “La ACU nos salvó la vida” escribió hace un par de años, Jorge Rozas, su primer presidente...”.
20 años después, una conversación en el espacio virtual...
Ex Joven ACU 1:
Hola, Nikita me dijo que me metiera a esta Acunet...
Yo estuve antes en un grupo en que la lucha cultural era importante, pero después se volvieron coordinadores más que otra cosa. Por eso estoy feliz de meterme a esta Acunet. Mi nombre es Gregory.
Ex Joven ACU 2:
¡¡¡¡Hola Gregory!!!!
Serás el mismo Gregory que conocí en los años esos de la adicta-dura.
¿Serás San Nuestro querido Sr. de Sres. Gregory Samsa? Escribiente, imaginiero, traumaturgo y actroz, marchista-guionista, rumbero, tangústio, indocente universolidario, masturvaliente, demoño rojo y fisgón. And, por sobre todas las cosas existentes en la faz de la sierra, queridísimo padre esposo tío-suegro y amigo. Presente.
Ahora y casi siempre.
Broder cayó in Santiago dolido, se derrumbó de lata mientras se desplazaba como un zombinauta en la red de redes. Cae muerto de ganas enredado el sábado saturday de ayer.
¡Ay! Putas que me dio pena, de verdad, me dio mucha pena cuando hace algunos años me enteré leyendo el obituario del domingo que habías fallecido.
Te me moriste. (dije para mis adentros)
Témele juiste. (consternado)
¡¡Chuata!! (para mis ajueras)
Se me murió el Gregorio por las re chuchas, ¡ay! se murió mi niño.
Ir a morirse así nomás todo charcha, todo picante mi gentil ¡ay! Todos hubiéremos querido que hubiese sido distinto. (No tu, sino la muerte tuya)
Siempre quisimos para ti una muerte digna. Soñé una vez con que te pasaba a llevar un go-kart color charqui manejado por The Monkees.
No nos consolamos.
No podíamos creer que el titular de la tarde dijera: Destrozado muere joven flaco poeta mas que medio pálido, en riña callejera recibió un tetazo en la mandíbula, en momentos en que una manada de topleras colorinas era perseguida por una turba de gurkas polacos.
Años después se pusieron de moda.
(Los gurkas no los tetazos)
El resto eran unos comentarios de malgusto que aseguraban que el sujeto habría estado haciendo algo. Que tenía relaciones con una secta de mercenarios ad-honorem que se dedicaban a plagiar al Dante. También se le vinculó con un bello grupo de tenientes homosexuales perdidos, cuyo jefe sería una tal Lily, una hermosa mujer que tenía la chapa de "guatón Zañartu".
¡Que se habrán Imaginado!
Putas, ¿bien mirada es bien mierda la vida no?.
Se nos murió así nomás el flaco, con lo puesto. En pos de nada.
Putas quién lo IVA a pensar (si nadie piensa ni una huevada en estos tiempos), tan buen cabro que era. Pero como fue a ocurrir.
¿Se murió el Gregory Samsa? ese de la Radio Tierra. Si, el de los sánguches de potito.
¿Serás tu entonces el que viene resucitando?.
¡¡¡Por el poder de NIKITA!!!!
el que nos levanta de la tumba
¿Serás tu mismo?.
Que enorme alegría, que bien, bienvenido denuevo al perro mundo.
¡¡MACACU!!
Para celebrarlo propongo un rito de reiniciación. Esta vez nos encontraremos con un enorme escenario iluminado. Esa noche habrá fiesta de máscaras, con poesía de la mejor, a toda raja, música en vivo con "Joe Vasconcellos", copete libre, "Fulano", cuete libre, "Los Fabulosos Cadillac", baile libre, "Fiskales ad-hoc", fuegos artificiales libres.
De fin de fiesta estará Santana tocando a duo una canción de Bob Marley con Jorge Rozas, y Gregory sobre una tarima en alto bailando chic to chic con la Aglae (que se puso unas alitas en la espalda).
Dieron sus excusas por no poder venir: Fito Páez, Los Iracundos y Silvio Rodríguez.
Esta podría ser nuestra modesta forma de iniciar esta nueva primavera del milenio, y no debiera ser la idea con que recibamos de nuevo a Gregorio en el partido comunista, porque no se trata de empezar otra vez sino de tirar la vida de todos pa'lante.
Ex Joven ACU 1:

Lo sabía. Lo saaabíaaaaaaaaa...
¿Cómo no lo pensé más antes de redactar mi autodescubrimiento y exponerme al neegrooo Veegaaaa, que abandonando su ocultamiento, descarga su sable sobre mi pálido cuerpo?
Me has dejado al descubierto, he fingido, nunca fui comunista ni
hambriento, sólo fue un acertado posicionamiento según los tiempos...
De judío sólo tengo una circuncisión que aun hoy filtra materia...
Así con todo acepto el rito y te reto a botar energía literaria en una
perfomance técnico mecánica, con teatro vivo y muerto, con poesía gorda y flaca, con cine en movimiento y reaccionario. El Partido lleva las minas.
Graaaaande Negro... Bienvenida tu grandilocuencia. Te invito a mi nuevo programa de radio: Esperando el Socialismo en Cooooooperativa.
Esperando que acepte el reto se despide fraternalmente...
Gregory Cohen.

P.S: No hay. Esta Ciruela está sana: retoña.
Fénix Cohen dice "pío". Corderos con piel de lobo y colmillos de utilería coquetean. Francochisteadores amenazan con risas. Nostálgicos preparan sorpresas. Futuristas preparan ponencias. Los aromos florecen. ¿Viene la primavera?

viernes, 20 de abril de 2007