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domingo, 26 de agosto de 2012

La falsa premisa de la CEP

Aparecer en los medios de comunicación cómo “La madre de todas las encuestas”, pone a la encuesta CEP a la altura del Oráculo de Delfos y cumple su misma función. Los políticos y gobernantes, se acercan a pedir consejos, pero no sólo porque sean simples mortales incapaces de adivinar el futuro, sino y sobre todo, porque son habitantes de una burbuja de cristal que poco y nada tiene que ver con la realidad. Buscan respuestas  en la teoría, porque la vida acomodada del sector oriente de Santiago, les impide ver los procesos sociales que suceden en el resto del país.
El problema es que las preguntas de la encuesta CEP están formuladas por los mismos que desean proteger esa burbuja, y por lo tanto, sólo recogen las respuestas que ellos quieren escuchar. Es una ilusión al cuadrado, que cumple con la función de calmar la ansiedad de algunos frente a los movimientos telúricos que provocan las protestas callejeras. “¿Corremos peligro de perder nuestros privilegios? Tranquilos – dice la CEP – la chusma solo quiere cambios moderados”.
Las preguntas sobre igualdad y la distribución del ingreso dejan en evidencia este psicológico  mecanismo de defensa. La primera dice “¿Dónde se ubicaría Ud. en esta escala, en que 1 significa “los ingresos deberían hacerse más iguales, aunque no se premie el esfuerzo individual” y 10 significa “debería premiarse el esfuerzo individual, aunque se produzcan importantes diferencias de ingresos”?” y la segunda plantea ¿Con cuál de las siguientes dos afirmaciones está Ud. más de acuerdo? “En ninguna circunstancia se pueden aceptar altas desigualdades de ingresos“ o “Se pueden aceptar desigualdades de ingreso, si al mismo tiempo todos los hogares mejoran su nivel de vida”. La respuesta en ambos casos es irrelevante porque las preguntas son anacrónicas. Están formuladas por una generación que aún vive en la Guerra Fría y cree que en el mundo sólo existen dos opciones: el capitalismo y el comunismo. La disyuntiva entre igualdad y mérito es una premisa falsa.
Tenemos más de 30 años de experiencia capitalista pura y dura, y todos los que no nacieron en los últimos deciles saben que el libre-mercado no existe. En el mercado la libertad es igual a poder adquisitivo, y en un país donde el sueldo mínimo debería ser de 250 mil pesos, pero es de 190; tenemos a un tercio de la población que simplemente no tiene libertad, y otro tercio de la población que apenas tiene un poquito de libertad. A la escasa libertad se suma el esfuerzo infructuoso. Hay millones de chilenos que trabajan duro para mejorar su calidad de vida y se mueren sin conseguirlo.
La igualdad y la libertad no existen la una sin la otra. Por lo tanto, es una trampa obligar a elegir a un encuestado entre desigualdad y calidad de vida; o entre desigualdad y el premio al esfuerzo individual.
En este sentido, es mucho más valioso el llamado que hace el Informe 2012 del PNUD para que el debate público se aleje de interpretaciones parciales: “No se debe desestimar el malestar con la sociedad ni tampoco la satisfacción de la gente con sus vidas”. Asimismo, la graduación que se establece entre satisfacción, insatisfacción, conformidad y descontento, si da cuenta de la complejidad de la realidad social en Chile.
Pero volviendo a la CEP, supongamos que la duda sobre la preferencia entre igualdad y esfuerzo personal era honesta. Entonces tendríamos que concluir que sus impresiones sobre los fenómenos sociales son absurdas. Lo cual es verosímil puesto que desde aquellos “iluminados” que diseñaron el Transantiago el año 2004 hasta los que tratan de entender la lógica de las  nuevas generaciones hoy, la clase política sigue muy lejos de la realidad. Sobre todo en el caso de la Concertación, que manifiesta algún interés por dialogar con los movimientos sociales.
La demanda transversal a todos los movimientos sociales es la participación política. Por lo tanto, la pregunta relevante es ¿Quiere usted participar directamente en las decisiones que cambiarán su destino o prefiere delegar esa decisión en un representante? Dada la crisis de representatividad que tiene la clase política, que si está muy bien documentada en las encuestas, es probable que la respuesta a esta pregunta sea brutal: no queremos ser representados por políticos flojos, oportunistas e indolentes. Cada vez es más extendida la opinión de que la clase política no tiene más virtudes que los ciudadanos organizados para tomar las decisiones públicas que definen el futuro del país.
Entonces, la verdadera disyuntiva es: ¿democracia representativa o democracia participativa? Y por las reacciones visceralmente adversas de algunos políticos de derecha y de la democracia cristiana frente a esta posibilidad, dudo que ellos se traguen el cuento de que se trata de un cambio moderado.
El mayor síntoma de la crisis de la democracia representativa es que hoy nos gobierna una minoría. La Concertación y la Alianza apenas suman un 30% de las preferencias, y sin embargo ocupan casi todos los cargos públicos porque nuestro sistema no permite crecer por fuera de los partidos políticos.
Así como se ve, esto es un secuestro. Una minoría que tiene un 30% de simpatizantes y menos de un 5% de militantes, tiene absolutamente secuestrada la política. Y su estrategia para evadir a la justicia, es acusar a los otros de tener ideologías y politizarse. Plop. Un político acusa a otro político de ser político. Y lo dicen como si se tratara de un argumento racional. El reino del absurdo. En el fondo, lo que están diciendo es: “Jóvenes, por favor, no se metan en política. No nos quiten la gallina de los huevos de oro.”
Esto último queda en evidencia en la Editorial de hoy de La Tercera, titulada “Propuesta inconveniente de Asamblea Constituyente”, donde – entrelíneas – llama a la Alianza y a la Concertación a buscar acuerdos para no correr el riesgo de perder el control del sistema político y económico.
Ahora, de todas maneras la encuesta CEP y mucho más el Informe 2012 del PNUD, permiten sacar conclusiones útiles para los movimientos sociales.
La primera de ellas es que la transformación cultural aún deben enfrentar importantes obstáculos: el clasismo, la desconfianza mutua, la subestimación de la organización social y la precaria educación cívica de los ciudadanos.
La segunda conclusión es que los medios de comunicación tienen un rol preponderante que no se puede ignorar. La conquista de los indecisos finalmente ocurre allí. Y la mayoría de las personas se informa de política a través de los medios tradicionales, y muy poco a través de internet (donde se pueden encontrar discursos más críticos e informaciones más completas). Por lo tanto, hay que fomentar el uso de internet y conquistar la pauta de los medios tradicionales, al mismo tiempo.
Y la tercera es que la movilización es pedagógica. La perseverancia de los movimientos estudiantiles ha estimulado el pensamiento crítico entre la población, y con ello los cuestionamientos al funcionamiento del Mercado y la Democracia. Si se analizan en perspectiva los resultados de las encuestas, se puede apreciar cómo y a qué ritmo se masifica un movimiento, y de esta manera intuir, cuánto más hay que movilizarse para conseguir el objetivo final.

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