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miércoles, 7 de agosto de 2013

Sangrando por la Herida

Nunca pensé que iba a llegar este día. 
El dia en que la esperanza comenzara a evaporarse al calor de las máquinas. 

Tantos viejos amargados que conocí y que desprecié, 
pensando futilmente: 
yo seré más fuerte, a mi no me vencerá el dolor. 


Tanto colega incauto que conocí y que desprecié, 
pensando futilmente: 
Tengo un ideal que me protege de la enajenación. 

Declaraciones inverosímiles de una adolescente miope. 

Y hoy estoy aquí, 
frente a la primera gran traición 
que me hace llorar como elefante 
y que traza una herida en un músculo desconocido, 
entre el esternón y el intestino grueso.  

Pago por escupir al cielo. 

Promesas ingenuas de una niña ingenua 
que hoy perdió su inocencia, 
frente al deseo de masacre de ciertas naturalezas humanas. 

Y la traición te pone frente a un espejo radioactivo, un ideal que no calza. 

¿Cómo dejar de ser individualista si el colectivo es tan hostil? 

Yo quiero organización.
Yo quiero comunidad.
Yo quiero humanidad.

Quiero ser una más entre miles, caminando hacia la justicia y la libertad. 

Pero este colectivo me lleva en una dirección perpleja, zigzagueante. 
Y asfixia mi diferencia. 
Quiebra mi garganta en un estrepitoso concierto de mocos. 

Hay que tener cuero de chancho y guata de perro, para seguir adelante. 

Pero si sigo adelante sin mi inocencia, 
¿Quién va a llegar al final del camino? 
¿Una de esas viejas amargadas que viven menospreciando a sus congéneres? 

¿Y si los más sensibles, los más sutiles, no llegamos al final del camino? 
¿Quienes van a construir el futuro? 
¿Los oscuros? ¿Los que bailan en su salsa cuando la traición se manifiesta? 
¿Los duros? ¿Los que ya no sienten con tantas cicatrices que cargan en el cuerpo? 
¿Los pueriles? ¿Los que se dejan llevar por la corriente? 
¿Los resignados? ¿Los que ya no creen en la bondad del ser humano? 
¿Los enajenados? ¿Los que sólo ven lo que quieren ver? 

Mi fe tambalea como una villa social 
en un terremoto de 8.8 grados en la escala de richter. 

Necesito a mis amigos cerca, 
ahora como nunca antes.
Con desesperación.
No quiero perder la fe.
No quiero resignarme. 

Necesito volver a ver la pureza de sus ojos,
para que las cuchilladas no me encandilen. 
El ideal que abracé se ha convertido 
en una carretera circular nublada de tristeza. 

¿Será posible ser más fuerte que esta herida?

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